miércoles, 18 de enero de 2012

Bolívar y la Historia de la Nación Latinoamericana

Maximiliano Basilio Cladakis

  En Historia de la Nación LatinoamericanaAbelardo Ramos considera imperioso “(…) rehacer y reunificar de abajo para arriba toda la historia latinoamericana (…)”[1]. El escritor e intelectual argentino realiza, pues, una apuesta por leer la historia de los pueblos que constituyen América Latina desde un nuevo ángulo, diferente al de la historia oficial. Por su parte, como lo explicita el título mismo de la obra, el nuevo ángulo que Ramos propone consiste en comprender a nuestros pueblos como regiones de una misma y gran Nación Latinoamericana. Esto implica un cambio radical en la forma de comprender y exponer nuestra historia. En efecto, la historia oficial se constituyó como la historia de las “patrias chicas”. Abelardo Ramos, por el contrario, plantea leer nuestra historia desde la comprensión de América Latina como de una totalidad, como de una unidad donde convergen tradiciones culturales, intereses económicos y orígenes comunes.

   A partir de esta perspectiva de lectura, la figura de Bolívar adquiere un rol protagónico, que se contrapone a la indiferencia con la que suele ser tratado por la historia oficial. Ramos ve en Bolívar la figura que más claramente representó, en el siglo XIX, la lucha por la unidad de América Latina. Para Bolívar, la unidad del Continente era la única posibilidad de constituir una Nación soberana e independiente que marchase a ritmo marcado hacia su propia modernidad. Su proyecto acerca de la Gran Colombia, su firme convicción de que se debían mantener los límites territoriales del Virreinato y su plan de constituir una Confederación de Estados Americanos, son, para Ramos, una manifestación contundente del anhelo bolivariano.

   Por otra parte, la figura de Bolívar se proyecta sobre la Historia de la Nación Latinoamericanacomo el símbolo trágico de las posibilidades más grandiosas y de los fracasos más terribles de nuestro Continente. En la obra de Ramos, las victorias, las vicisitudes y las derrotas de Bolívar son el correlato necesario de las victorias, las vicisitudes y las derrotas de la Nación Latinoamericana. Por momentos, Bolívar deja de ser un individuo particular para convertirse en un hombre histórico al estilo hegeliano, es decir, Bolívar se convierte en un hombre cuyo destino individual está ineluctablemente ligado al destino colectivo, en donde la separación entre ambos destinos no existe, ni siquiera a nivel formal.

   En el desarrollo de la obra, la coincidencia temporal entre la caída de Bolívar y la caída de la Nación Latinoamericana a manos de comerciantes y de latifundistas no es sólo un dato cronológico. Ramos advierte que a la consolidación de las “patrias chicas” como proveedoras de materias primas para el primer mundo en el marco de la división internacional del trabajo le siguió el ocultamiento, o el vituperio, de la figura de Bolívar en los relatos históricos de los sectores que lograron hacerse con la hegemonía de las nuevas “naciones”.  La nefasta caracterización realizada por Mitre, padre de la historiografía argentina, de Bolívar es un ejemplo de ello. La comprensión de la historia como relato y la acción política se entrecruzan, por tanto, para Ramos, en una matriz simbólica donde la lectura del pasado se articula con la legitimación y el sentido de un orden socio-político determinado. Las naciones emergentes del proceso de balcanización al que fuera sometida la que, para Ramos, era la única nación verdadera, o sea América Latina, implicó una lectura de la historia determinada, cuyos héroes y mártires se acoplarán a los intereses regionalistas y mezquinos de las oligarquías dominantes.

   En este punto, la lectura de la historia que realiza Ramos se encuentra en las antípodas del paradigma analítico-liberal que durante décadas fue hegemónico y excluyente en el mundo académico (y cómo lo sigue siendo aún hoy). Abelardo Ramos piensa la historia desde el marxismo, y en Historia de la Nación Latinoamericana es evidente el intento de llevar a cabo aquella famosa Tesis 11, en la cual Marx exhorta a transformar el mundo. Si bien la frase de Marx giraba en torno a la filosofía, Ramos la realiza en la historia. La figura de Bolívar se vuelve, entonces, una pieza clave, no sólo para la comprensión de nuestro pasado sino también para la efectividad de una praxis política que conlleve a la liberación de nuestros pueblos. En varías partes de su obra, Ramos habla de resurgimientos “bolivarianos” o caracteriza a algunos líderes populares de tal manera. El nombre propio, pues, se vuelve adjetivo para definir a los movimientos, personas y acciones que tengan por finalidad la unidad e integración de América Latina.

   Precisamente, con respecto a esto último, vale señalar que los tiempos contemporáneos son testigos de uno de esos resurgimientos de “bolivarianismo”. En efecto, en los últimos años la figura del Libertador ha comenzado a tomar un relieve como el que desde hacía décadas no tenía. Desde la reivindicación realizada por intelectuales y gobernantes latinoamericanos hasta  el hecho de que una unión de países homenajee su nombre, se trata de signos de una época marcada por la impronta de Bolívar. En efecto, y, como no podía ser de otra manera, esa época coincide con un periodo en que  nuestro continente ha comenzado un proceso de integración y de unidad que trasciende lo económico para realizarse también en lo político y cultural.
   






[1] Ramos, Jorge Abelardo, Historia de la Nación Latinoamericana, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011, p. 241.

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