miércoles, 7 de julio de 2010

Ford y Fort: mucho más que una diferencia ortográfica



Lic. José Antonio Gómez Di Vincenzo
Lic. Maximiliano Cladakis

A primera vista, Henry y nuestro Fort con t comparten ciertas similitudes. En efecto, ambos son capitalistas, son dueños de fábricas – uno de automóviles, el otro de chocolatines-, tienen empleados a quienes les compran fuerza de trabajo, son hombres ricos, vivía y vive en un aparente estado de tranquilidad gracias a los vagones de guita que sus negocios aportan como ganancias y son considerados triunfadores y exitosos por quienes compran y consumen el mito de la igualdad de oportunidades y la diferencia en proporción al mérito en la sociedad democrática y liberal. Por otra parte y a su modo, ambos en algún punto  actúan y/o actuaron inmoralmente: uno porque era capitalista, el otro porque además hacía y hace ostentación y desprecia a quienes no son como él.

Ahora bien, afinando la mirada – más bien el intelecto- comienzan a surgir algunas diferencias. Claro que son mínimas y poco impactantes cuando quedan opacadas por el fulgor mediático con que nuestro empresario nacional sorprende día a día. En principio, una letra hace que Henry sea Ford y no Fort, la d de dólares; y una t hace que nuestro dorado empresario del chocolatín sea Fort, la t del modelo “t” de Ford, ese autito que revolucionó la industria automotriz por ser el primero fabricado en la línea de montaje. El apellido de Henry fue tomado por Huxley para dar nombre a la deidad que todos veneraban en “El mundo Feliz”. En cuanto a Fort, sigue siendo un apellido,

Si uno presta un poco de atención surge otra diferencia. El norteamericano se codeó con políticos de todo pelaje, hasta habría negociado y tenido cierta afinidad con el nazismo – asunto por el cual se ganó el odio de genios como Chaplin-. El Fort que supimos conseguir por estas pampas se declaró menemista, no se le cae ninguna idea política interesante y uno ni siquiera puede odiarlo – más que un sentimiento cabría un juicio el que surge- por derrapar haciendo gala de su apoyo al caudillo riojano, hoy una caricatura política directamente proporcional en cuanto a lo decadente al poder que supo detentar y el daño que causó.

A Ford no le tembló el pulso a la hora de tomar decisiones drásticas. Para defender los intereses de su clase era mandado a ser. A la hora de apelar a la fuerza pública – pública en este caso no significa de todos sino guardiana de los intereses de una clase- para reprimir a los tiros cuanta manifestación de trabajadores que se llevara a cabo en las puertas de su fábrica. En sus diálogos con la almohada pudo al menos haber tenido algún cargo de consciencia – o no- no lo sabemos pero al menos la tragedia de su vida dio pie a que exista dicha posibilidad. El hombre al menos y por más que no las compartamos tomó decisiones fuertes. Nuestro empresario chocolatinero casi no sabe cómo se hace la famosa barrita de cereal que fabrica en sus fábricas, apenas pisa su empresa y si se le pregunta acerca de la línea de montaje es capaz de responder por cierta moda en el modo de aplicarse el delineador.

Ford era mecánico, participaba del proceso productivo en distintas áreas de su empresa, quería – al menos eso decía- que todos tengan acceso a un automóvil, fue clave para la salida de la depresión, soñó – aunque muchos no compartamos su sueño- un futuro mejor, mal que mal dio laburo en distintos países del mundo y a pesar de todos los reproches que podamos hacerle por capitalista voraz dejó algo más que una fortuna y una empresa: uno puede odiarlo profundamente y admirarlo en alguna medida al mismo tiempo. Fort es una máquina de gastar guita al divino botón. Lejos de estar pensando en ampliar sus proyectos a futuro vive el hoy a mil por hora. Pasa sus días inflando su figura, inyectando su imagen y vomitando su presencia por los medios. Es una foca en el circo mediático, lugar meritoriamente ganado o conquistado sobre la base de gesticulaciones y pocos significados profundos, siempre atento en dar pasto a los que hacen del circo un gran negocio y de qué hablar a hombres y mujeres ávidos de material para tener algo que decir cuando sus vidas se han vaciado de contenido.

Ford es un sujeto que trasciende y sin lugar a dudas es un ser histórico, en el sentido que hace historia; Fort, por el contrario, se presenta como un ser ahistórico, un sujeto vacío, sin contenido, insustancial, que se agota en sí mismo, que no puede ser ni amado ni odiado. Simplemente está ahí y un día ya no estará. Es una molestia pasajera para quienes sin querer tenemos que soportarlo. Sin embargo, hay una dimensión real de la que el mismo Fort quiere evadirse pero no puede escapar: es un capitalista y debe hacerse responsable por sus actos de capitalista, de sus miserias, de los contratos con que exprime a sus trabajadores, de la miseria que genera en quienes lo siguen cual amo, en quienes lo sufre como patrón.

Otras diferencias más sutiles surgen de lo expuesto en el párrafo anterior. La vida de Ford es una vida que vale la pena de ser narrada, Henry se ha ganado el derecho de tener una biografía puesto que realizó actos históricos que transformaron el mundo. En términos sartreanos, Ford se hizo a sí mismo y en ese hacerse, hizo también al mundo. Ford es un hombre moderno con todos los atributos de la época, viene a representar el ideal del capitalismo productivo, la promesa de progreso, etc. Por el contrario, Fort se presenta como un presente sin futuro ni pasado, es un heredero. Ford amasó él mismo su fortuna e incluso se hizo de abajo. Fort no hizo nada, es como el amo hegeliano que se va pudriendo mientras consume sin producir. La figura del amo bien puede aplicarse a un sujeto que se exterioriza del proceso productivo y solo consume. Consume glotonamente materia y energía, halagos desmedidos de parte de cholulos parásitos y chupamedias. Lejos queda el chocolatero de cumplir con los ideales y las recomendaciones de ese gran liberal, Locke, quien sugería consumir sólo lo que uno necesitaba para vivir dignamente dejando a otros un parte para su satisfacción. En esto debemos reconocer cierta coherencia – tal vez afortunada y azarosa- en su pensamiento al alinearse con el neoliberalismo encarnado en la figura del expresidente riojano en el sentido de que como todo neoliberal arrasa, consume, destruye y fagocita. Esto último, hace pensar en otra diferencia respecto al rol que como burgueses cumplieron nuestros dos personajes en sus respectivos países. Ford representaba una burguesía que era productiva, acrecentaba las riquezas de su país (siempre en sentido capitalista, imperialista, y todo lo que sabemos); precisamente, tipos como Ford hicieron de EEUU, la nación más poderosa del planeta. En cambio, nuestro Fort encaja bien con el carácter parasitario de nuestras clases dominantes. Como dice Galeano en Las Venas Abiertas de América Latina: "nuestras clases dominantes son dominantes fronteras para dentro, pero dominadas fronteras para afuera". Fort está muy lejos de encarnar esa clase burguesa revolucionaria, emprendedora y transformadora del mundo.

Llegado a este punto la pregunta sería: ¿por qué un sujeto como Fort tan distinto a un Ford pero tan producto de su época como el norteamericano logra que dejemos por un rato la filosofía y la historia y le dediquemos algunos párrafos?

Algo habría que decir del tipo de relación que establecemos en términos gnoseológicos con el objeto de conocimiento Fort de quien nada hay más que brillo, excentricidad, liviandad, repetición, cliché, pastiche, en síntesis postmodernidad y postmodernismo. ¿Cómo captar lo que dicho objeto es en esencia? ¿Habrá forma de ir más allá de lo que aparenta?

Tal vez se trate de un envase vacío, de un chiste más que de una tragedia.






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada