lunes, 6 de diciembre de 2010

Teoría y praxis en Apuntes para la militancia de John William Cooke

   Maximiliano Basilio Cladakis

   Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luís Duhalde, en el prólogo a la edición de 1973 de Apuntes para la militancia, sostienen que Cooke escribe este texto, en 1964, con un objetivo bien determinado: acercar a las bases del Movimiento Nacional Peronista una visión histórico-política que sea comprensible. En efecto, Cooke considera que el conocimiento teórico e histórico es fundamental para la lucha por la liberación llevada a cabo por este Movimiento. Para Cooke, contar con información adecuada no es sólo un derecho que la masas  se han ganado por sus años de lucha, sino también (y principalmente), se trata de una condición esencial para cumplir la tarea de liberar la patria de la “explotación nacional e internacional”[1].

     El planteo de Cooke es, por lo tanto, que el conocimiento teórico posibilita la articulación de estrategias y tácticas mas adecuadas para la lucha. La cuestión gira en torno  a la relación entre teoría y praxis.  En cierta medida, se trata de aquello que Marx planteara en su celebre Tesis 11: “la filosofía hasta ahora a intentado comprender el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Cooke habla de un tipo de conocimiento cuya finalidad no es el conocimiento en sí mismo, sino que, por el contrario, debe ocuparse de orientar a las masas en su quehacer revolucionario. En este sentido, su posición se arraiga en una tradición que contradice la formula aristotélica del conocimiento como finalidad última, tradición en la cual podríamos enmarcar a Maquiavelo, al ya mencionado Marx, a Gramsci, a Sartre, etc.

   En algunos momentos del texto, Cooke habla de una “mision histórica” de las masas peronistas. El empleo de esta construcción, es decir de “misión histórica”, podría retrotraernos a cierta lectura del marxismo determinista, a partir de la cual se comprende que las condiciones objetivas del devenir histórico hacen del proletariado el sujeto socio-económico al cual ineludiblemente le está conferida la misión de acabar con el capitalismo. Sin embargo, lo que dice Cooke no puede ser comprendido a partir del determinismo. Precisamente, al advertir sobre los riesgos que corre el Movimiento, al no tener una adecuada formación teórica e ideológica, significa que no hay un triunfo pautado de antemano.

  Con respecto a esto último, Ortega Peña y Duhalde señalan que Cooke se estaba enfrentando a tres serios problemas dentro del peronismo: una inadecuación entre el papel objetivo del peronismo y su supuesta ideología-doctrina, la ausencia  de una teoría revolucionaria del peronismo coherente y adecuada para la toma del poder y la falta de un desarrollo de la programación de un socialismo nacional.

    En lo que concierne al primer punto, es interesante señalar las similitudes con el planteo de Sartre en la Crítica de  la razón dialéctica. En esta obra, el filósofo francés sostiene que el marxismo es la única filosofía viva de nuestro tiempo. Por lo tanto, sólo ella puede darnos un saber totalizador de la época contemporánea. Sin embargo, Sartre advierte que el marxismo ha entrado en un estado de esclerosis, en el cual, el dogmatismo y el economicismo, lo han reducido a un formalismo vacío incapaz de dar cuenta de las particularidades concretas que conforman la historia viva. Sartre advierte que el riesgo de esto es que la historia se haga sin saberse. En lo que hace al Partido Comunista (Sartre escribe esto en 1960, por lo que cuando habla del PC, se refiere también a la URSS), si bien reconoce que objetivamente su praxis puede ser revolucionaria, no hay una teoría que ilumine adecuadamente esta praxis, por lo que existe  la posibilidad de que se culmine en un desastre. Cooke, por su parte, dice que “la indigencia teórica puede llevar al desastre ideológico”[2]. Tanto Cooke como Sartre, señalan que parte de la responsabilidad de la pobreza teórica es de la burocracia. Obviamente, Sartre se refiere a la burocracia soviética, mientras que Cooke se refiere a la burocracia peronista.

    Para Cooke, la tarea del intelectual tiene, entonces, como finalidad servir al despliegue o desarrollo de la autoconciencia de las masas para que estas conviertan en acto todo su potencial revolucionario. Precisamente, cuando habla de la teoría política, dice lo siguiente:

Lo primero que procuramos demostrar en la brevedad de este informe es que la teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía cabalística manejan unos pocos iniciados, sino un instrumento de las masas para desatar la tremenda potencia contenida en ellas. No les llega como un conjunto de mandamientos dictado desde las alturas, sino por un proceso de su propia conciencia hacia la comprensión del mundo que han de transformar[3].

   Como ya dijimos más de una vez, el quehacer teórico, se encuentra ineludiblemente ligado a la praxis. En Cooke, este ligamiento entre teoría y praxis, se encuentra fundado principalmente en la tarea del teórico como descubridor. Es decir, la función del teórico, no sería otra que la de descubrir el campo de acción en donde se desarrolla la lucha de las masas y el sentido histórico de dicha lucha. Para Cooke, el peronismo necesita esto con urgencia ya que ayudaría a saber mejor las fallas cometidas, las posibles formas de solucionarlas, tener más en claro los posibles aliados y los sectores ineludiblemente antagónicos.  Cooke aclara que para esto es necesaria una visión global de la Argentina.

Para saber cuales son nuestras fallas y llegar a sus causas hay que tener una visión global de la Argentina, de las fuerzas que chocan en su seno, de las características que revisten esos conflictos. Y dentro de ese marco historico, examinar el significado del peronismo, con que tendencias sociales es irreductiblemente antagónico, que políticas lo condenaran a frustrarse[4].

    Para esta compresión global de la Argentina, Cooke hace una lectura crítica de la historia de nuestro país. En cierta medida, podríamos decir que la lectura de Cooke se inscribe en el marco del revisionismo histórico. Es decir, que, aún con diferencias, su posición corre en paralelo con las de Jauretche, Hernández Arregui, José María Rosa, etc. Cooke leerá, entonces, la historia argentina a “contrapelo” de la “historia oficial”, es decir, a “contrapelo” de aquel relato histórico inaugurado  por Mitre y Sarmiento.

     Para Cooke la historia argentina se encuentra atravesada por el enfrentamiento entre dos modelos de país en constante pugna: por un lado el modelo nacional y popular; por otro, el modelo oligárquico-liberal. Mariano Moreno, Dorrego, Juan Manuel de Rosas, los caudillos del Interior, las montoneras, el primer radicalismo, serían algunos de los representantes del primer modelo. Rivadavia, los unitarios, la burguesía comercial porteña, las oligarquías agropecuarias de las provincias, los del segundo. El enfrentamiento entre ambos modelos se nuclea en torno a una dicotomía esencial: independencia o dependencia. Cooke señala que el peronismo es la representación actual de las fuerzas nacionales y populares mientras que el antiperonismo representa los intereses de la oligarquía liberal. Con respecto a la izquierda anti-peronista, principalmente el Partido Socialista y el Partido Comunista, Cooke sostiene que, si bien en sus discursos y proclamas sostienen un modelo que no era el de la oligarquía liberal, la prácticas de ambos siempre terminaron por beneficiar dicho modelo.

    Si bien Cooke se enrola, en parte, en el revisionismo historico, no por ello deja de lado el método de análisis marxista. La lucha de clases y las transformaciones económicas de la sociedad están presentes en su planteo. Sin embargo, sus posiciones son diferentes al del marxismo ortodoxo de la época. En efecto, el mismo Cooke dice que los defensores del marxismo (principalmente los comunistas) no emplean el metodo de aquel a quien dicen seguir; “(…) lo que siempre ha caracterizado al PC argentino es, precisamente, el no aplicar la teoría que invocan”[5].  El “marxismo” de algunos marxistas es, para Cooke, una doctrina, un dogma, una abstracción que no tiene en cuenta el contexto histórico ni las particularidades  sociales. Precisamente, tanto Cooke como otros teóricos del peronismo, señalarán que varios marxistas argentinos realizan planteos políticos como si se encontrarán en un país industrializado del primer mundo, y no en una nación periférica regida por un sistema semicolonial, como lo que verdaderamente es nuestro país.

    Ahora bien, con respecto a la lectura de la historia argentina, Cooke advierte que no se trata de repetir programas ni planteos. Moreno, Dorrego y Rosas son hombres admirables, patriotas que constituyen algunos de los nombres más importantes de la tradición independentista. Sin embargo, si bien el Movimiento Peronista se arraiga en dicha tradición, los planteos deben ser acordes al propio momento histórico. En este punto, el planteo de Cooke abre una doble dimensión de la tarea del intelectual: por un lado, investigar el pasado, encontrar en el desarrollo histórico el desenvolvimiento de las fuerzas y actores sociales antagónicos, contextualizar al peronismo dentro de una tradición nacional de luchas populares; por otro lado, colaborar en elaboración de nuevos programas, en el establecimiento de tácticas y estrategias, ayudar a corregir fallos, a entablar alianzas y a enmarcar a los enemigos ineludibles.

   Entre una y otra dimensión existe un vínculo dialéctico. Unos renglones arriba, hicimos mención a la tradición. En efecto, el planteo de Cooke, en cierta medida, podría pensarse como un descubrimiento y una renovación de la tradición. El mismo Cooke dice: “nosotros postulamos la defensa y continuidad de la tradición”[6]. El conocimiento teórico debe servir, entonces, para descubrir las capas profundas que subyacen a la actual práctica de las masas para encontrar en ellas su sentido histórico. Sin embargo, dicho sentido se debe reactualizar a partir de la innovación, de nuevas propuestas, de las exigencias de las condiciones actuales. La tarea del intelectual no será ni la de un “ideologicismo” abstracto alienado de la historia y de la experiencia popular; pero tampoco una sacralización del pasado que, en última instancia, es un deseo de volver a él, como puede plantearlo cierto revisionismo conservador. Por otra parte, el descubrimiento de esta historia profunda, como así también la elaboración de nuevos planteos, tienen como fundamento la experiencia misma de las masas y el conocimiento que estas, de una forma u otra, ya poseen:

“Las función inexcusable es extender y ahondar ese conocimiento directo, elaborar críticamente datos de la realidad contemporánea y presentar conclusiones que aclaren su sentido, extraer y generalizar las enseñanzas que deja la acción colectiva, tareas sin las cuales no se perfeccionan las formas organizativas y de combate”[7].




[1] Cooke, John William, Apuntes para la militancia, tomado de la versión digitalizada del sitio “El Ortiba” (http://www.elortiba.org/), p. 2.
[2] Ibid., p. 3.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Ibíd., p. 5.
[6] Ibíd., p. 11.
[7] Ibíd. p. 2.
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