domingo, 11 de julio de 2010

De la praxis individual como punto de partida metodológico en la Crítica de la Razón Dialéctica (Primera Parte)

Maximiliano Basilio Cladakis

   En la parte A del Libro Primero de la Crítica de la razón dialéctica, Sartre plantea una cuestión que será central en el desarrollo de la obra: “qué será la dialéctica si sólo hay hombres y si todos son dialécticos”[1]. Con esta pregunta, hace referencia al problema acerca de la relación entre las praxis individuales y la Historia entendida como totalidad dialéctica. En este sentido, no se pone en duda que la acción humana es de carácter dialéctico (hay una comprensión de suyo de que cuando un hombre actúa lo hace de manera dialéctica), sino que el problema surge al intentar volver inteligible la Historia a partir de las acciones individuales y viceversa. Precisamente, esta relación entre praxis individual e Historia tiene como correlato el intento de integrar al existencialismo dentro del marxismo que aparece mencionado explícitamente en “Cuestiones de método”, texto que, publicado en 1957 en una revista de filosofía polaca a modo de artículo, fue colocado como prólogo de la Crítica. En esas páginas, Sartre criticaba tanto al marxismo dogmático, el cual anulaba lo particular en pos de una totalidad abstracta, como a cierto tipo de existencialismo que reivindicaba lo particular como independiente de la totalidad.

   Sartre revalida al pensamiento de Marx como una síntesis superadora de ambas posiciones. Por un lado, el antecedente del marxismo dogmático (con este término se refería principalmente al reduccionismo economicista soviético), en tanto supresión de lo particular, era el idealismo hegeliano (aunque reconoce que, al menos, Hegel suprimía lo particular integrándolo a la totalidad, a diferencia del marxismo dogmático, que sólo lo anulaba). Por otro lado, Kierkegaard representaba la exaltación mística de la individualidad que luego sería retomada por existencialistas cristianos como Jaspers. Frente a estas dos posiciones, Marx tomaría al hombre concreto objetivado en medio de una totalidad histórica, y exteriorizado en esta por medio del trabajo. Sin embargo, los marxistas contemporáneos habrían dejado de lado este punto esencial del pensamiento de Marx para incurrir en un tipo de pensamiento “pre marxista” (idealista y mecanicista al mismo tiempo), lo que hizo que el marxismo entre en un estado de esclerosis. Sartre advierte que la gravedad de la situación radica en que el marxismo es la filosofía insuperable de nuestra época y al haber entrado en dicho estado, la Historia se hace sin saberse. Precisamente, él intentará revivificar al marxismo y, para ello, considera necesario integrar el existencialismo dentro de él, en tanto esta “ideología” (Sartre establece una diferencia entre “Saber” e “ideología” y el existencialismo tendría el estatus de esta última) podría llevarlo de nuevo hacia lo concreto.

    El problema acerca de la relación entre las praxis individuales y la Historia se revela, entonces, como acuciante.  Si bien Sartre afirma que “toda la dialéctica histórica descansa sobre la praxis individual en tanto esta ya es dialéctica (…)”[2], también sostiene esta afirmación no resuelve el problema. La praxis individual  es totalizadora, pero su totalización es parcial, la pregunta sobre la Historia como totalidad dialéctica nos lleva a la pregunta sobre quién realiza la totalización. El individuo lleva a cabo totalizaciones parciales, pero ¿quién lleva a cabo la totalización “total”? Si la Historia es una totalidad dialéctica ¿quién es el sujeto que hace dicha totalización?

   Sartre se abocará a la tarea de elucidar este problema tomando como punto  de partida la praxis individual. Sin embargo, dicho punto de partida será de orden estrictamente metodológico. Sartre se encarga de aclarar que coincide con Hegel en que el individuo es una abstracción. Precisamente, la exposición sartreana partirá de lo abstracto hacia lo concreto. En el ya mencionado “Cuestiones de método”, se hacía referencia al método “regresivo-progresivo”. La investigación se iniciará, por lo tanto, desde la dimensión regresiva con una descripción de la praxis individual[3] de carácter abstracta ya que no aparecerá mediada por los condicionamientos de un momento histórico determinado.

   En el apartado B del Libro Primero de la Crítica, dedicado a “las relaciones humanas como mediaciones de los distintos sectores de la materia”, Sartre advierte las posibles críticas que podrían realizarle por esto algunos marxistas, por lo que señala que esta forma de proceder la toma del mismo Marx quien, además del análisis histórico, lleva a cabo análisis abstractos donde se establecen estructuras subyacentes a los condicionamientos históricos. Si bien no lo menciona, probablemente Sartre esté pensando en la elaboración del concepto de “trabajo” realizado en El capital donde el trabajo aparece caracterizado como la transformación y apropiación de la Naturaleza por parte del hombre, cuestión que subyacería a toda forma histórica en la que este aparezca.
  
 



[1] Sartre, Jean Paul, Crítica de la razón dialéctica, Losada, 2004, p. 230.
[2] Ibíd., p. 230.
[3] Algunos autores como Augusto Pérez Lindo y Florence Caeymaex consideran a la Crítica de la Razón Dialéctica como una descripción fenomenológica de la praxis humana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada